Requerimiento de las Doncellas

Por librarse de paganos, las siete doncellas mancas se cortaron sendas manos y las tienen los cristianos por sus armas en Simancas”. Con esta estrofa concluye el Romance de las Siete Doncellas que creó hace años un vecino de Simancas, en reconocimiento al valor que demostraron, según la leyenda, siete jóvenes de la localidad que, un 6 de agosto del año 939 después de haber sido requeridas como pago por el rey musulmán Abderramán III en el conocido como Tributo de las Cien Doncellas que este había exigido al Reino de León.
Las jóvenes simanquinas, que habían sido escogidas por sorteo para ser moneda de cambio, se cortaron sus manos izquierdas para que el rey moro las repudiara y pudieran quedarse en su localidad sin servir como pagaré.

“Si mancas me las dais, mancas no las quiero”, cuenta la leyenda que contestó Abderramán III cuando vio a las siete mozas del municipio, al que los moros denominaban y conocían como Bureva, y que desde ese día pasaría a llamarse, según cuenta la tradición popular, Simancas.
Once siglos más tarde y en el día de la Transfiguración del Señor, El Salvador, patrón de la villa simanquina, el pueblo sigue rememorando esta fiesta celebrando cada año el nuevo requerimiento de siete jóvenes doncellas, que serán las embajadoras del municipio ribereño del Pisoraca, como así también llamaban los musulmanes al río Pisuerga, durante todo un año.

El 6 de agosto de cada año, una a una, las siete doncellas son requeridas en su domicilio por el Cortejo en pleno con el alcalde de la localidad a la cabeza y el Mantenedor de la Tradición.
Tres golpes del bastón de mando del edil de la localidad en la puerta del domicilio de la primera doncella requerida, la más próxima al lugar de partida del Cortejo, y la consabida pregunta por parte del alcalde al padre o madre de la joven. “Vive aquí (cita su nombre)… es requerida por este Cortejo para ser doncella de la Villa de Simancas”, llevándose a la joven con el consentimiento de su progenitor.

Así con la misma pregunta para todos los padres de todas las muchachas requeridas. Durante el recorrido los danzantes de la villa escenifican un cuidado repertorio de bailes castellanos que reciben el nombre de “paloteo”. Los jóvenes danzantes se esfuerzan por mantener viva una tradición que aporta la nota de música y folclore en el evento.
En todos los padres y familiares más directos, la misma emoción y el mismo sentimiento, el de estar contribuyendo al mantenimiento de una bella tradición, que es historia viva de la Villa, y que cada año, de forma más palpable, resalta el valor y la decisión de siete jóvenes que no quisieron ser sometidas y que lucharon por su libertad ganando la batalla.

 

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